Un toro y seis borricos

0 comentarios admin Por admin El 13 de marzo de 2011

Entre tanto torillo que ni iba ni venía, el tercero brilló con la luz de los toros buenos. Como el resto, apenas admitió castigo en varas pero soltaría en la muleta una clara condición de toro bravo. Se hizo la luz en tarde gris: un toro bravo y un torero pletórico, El Juli.

Ya de salida, se abrochó El Juli en un racimo de lances que tuvo continuación en un quite por chicuelinas, intercalando una tallafera y soltando el capote a una mano en el remate. Muy directo al grano, el inicio de faena fue luminoso, sin preámbulos, con el pase de las flores incluido. No se engañaron toro y torero. Cada uno a lo suyo. El Juli plantó bandera de conquista; no hubo toro rendido pero sí entregado de bravura. Series largas, incluso con la izquierda. Muleta de mando en plaza para someter; compás abierto. Los pases de costadillo más que un recurso, un eslabón para enganchar las series. De propina, circulares invertidos. Espectáculo total a plaza entregada. Con la faena hecha y el toro exprimido, alargó el trance El Juli. Fue la pacotilla de una labor de alto nivel. Y lo pagó. Feo gesto del toro al escarbar ante la espada, señal que la obra debió bajar antes el telón. Pinchó El Juli y luego dejó una entera traserilla. Pero oreja bien ganada. De ley.

Los seis capítulos restantes no añadieron gloria a la tarde. Todo lo contrario. Enrique Ponce encontró en el camino dos vagabundos perdidos, sin norte ni sur. Dominó la escena en el primero, un soseras que no dio ni frío ni calor. Tan superior el torero que la gente no reaccionó. Peor lo pintó el cuarto: sin entrega, de molesto cabeceo y rebrincadito. Ponce le robó literalmente los pases uno a uno.

Poca chispa de Barrera con el flojucho segundo. Tan noble como corto de embestida. El quinto, mansito, con menos fuerza que el anterior, se acostó a poco de llegar la muleta y tuvo que ser apuntillado. Pidió Barrera el sobrero y le fue concedida la gracia. Nadie se había enterado del regalo y con la plaza medio vacía y la lluvia que apareció, Barrera derrochó tanta voluntad que la presidencia acabó por sumarse al regalo y la concedió una oreja. Lo puso todo de su parte El Juli en su segundo, poco generoso de juego. Faena de pelea, de amor propio, mal rematada con la espada.

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