El Valencia siempre se- rá especial para Quique Sánchez Flores. Como jugador, salió de la cantera del Pegaso y jugó en el Real Madrid y el Zaragoza antes de retirarse, pero siempre será re- cordado por las diez temporadas en las que se encargó del lateral derecho de Mestalla. En los banquillos, también empezó en Madrid, en Getafe, para que sólo un año después su Valencia apostase por él como sustituto de Rafa Be- nítez: «Les estoy agradecido porque me dieron la oportunidad de dar un impulso a mi carrera y les deseo que en el futuro puedan ofrecer a la afición un equipo que cumpla con sus exigencias». En la parte final de la frase con la que se despedía del Valencia aparecía uno de los principales motivos de su adiós: el rechazo de la hinchada, que le castigaba partido a par- tido con el famoso: «Quique, vete ya». Este cántico, los malos resultados y la falta de apoyo de una parte de sus futbolistas puso fin a su vuelta a casa, de la que no se fue feliz precisamente: «He perdido un cargo, gano una vida», dijo na- da más firmar el finiquito. «Por una parte, tengo sensación de de- cepción, pero, por otra, también de alivio. En ciertos momentos, he sentido algo de soledad».
Hoy, más de dos años después, regresa a Mestalla con el Atlético, precedido de varios elogios y los mejores deseos para el que fue su club como futbolista y como técnico: «Mi saldo con la afición de valencianista siempre será favorable. Aprendí mucho allí».
Antes del último sorteo de la Liga Europa le preguntaron por qué equipos prefería encontrarse en el camino hacia la final y Quique apeló a los sentimientos para contestar. «De todos los supervivientes hay dos clubes a los que llevo en el corazón y preferiría evitar». Se refería al Valencia y al Benfica, con el que ganó la Copa de Portugal. El bombo se olvidó de sus deseos y deparó un cuadro en el que el Atlético quizá necesite eliminar a ambos para poder jugarse el título en Hamburgo. Los portugueses esperarían en la semifinal si eliminan al Liverpool, aunque antes, hoy concretamente, está el Valencia, con la misma necesidad de hacer algo en Europa que los rojiblancos.
La irregularidad de ambos equipos, o su capacidad para romper pronósticos y pasar de un gran resultado a un día gris, hace imposible apuntar un favorito claro. El Atlético no puede contar con Tiago, el hombre clave en la mejora rojiblanca, ni con Reyes, el otro futbolista más en forma del equipo. Tampoco estarán Valera ni Ibrahima, pero su ausencia no se notará tanto. Será un Atlético clásico, con Kun y Forlán arriba y Raúl García como acompañante de Assunçao. En el Valencia vuelve David Villa tras su golpe en la cabeza. Mata y Silva jugarán detrás de él, en busca de una buena ventaja para la vuelta.
