“Lo más lógico es que el ‘Códice Calixtino’ esté en manos de un fetichista del arte”

0 comentarios admin Por admin El 11 de enero de 2012

A Corral le cogió el suceso del Códice cuando estaba preparando otra novela. Por encargo de EL PAÍS escribió dos artículos -uno académico y otro de ficción sobre cómo fue el robo- que le sirvieron “de inspiración”. Corral releyó los Evangelios y se centró en buscar para la novela una relación entre el manuscrito y el apóstol Santiago. “Lo que descubrí fue una genealogía de Jesús asombrosa, pero documentada”. El profesor llevaba tiempo con el asunto de la verdadera familia de Jesús en su cabeza y la novela le sirvió para darle forma. En el Códice del Peregrino cuenta, entre otras cosas, que “José se casó con María porque ella ya estaba embarazada por otro hombre, el rey Herodes Antipas”.

El novelista es consciente de la polémica que puede suscitar su tesis sobre quién fue el verdadero padre de Jesús y quienes fueron sus hermanos. “Habrá quien diga que se trata de una blasfemia. Pero las muchas biografías sobre Jesús que he leído están escritas por católicos convencidos. En cambio, yo he aportado otra perspectiva, con los textos de la época, que no se había planteado jamás”.

De vuelta al robo, cuando se echó en falta el Códice Calixtino lo que más destacaron los medios fue que se trataba de la primera guía del Camino de Santiago, escrita en 1135 por Aimeric Picaud, un religioso francés. Corral ha novelado que Picaud dejó escrito en el Códice “un texto oculto con una técnica que se utilizaba en la Edad Media. Ese mensaje solo se podía leer aplicando unos líquidos en el papel para reactivar la antigua escritura”. La novela narra que ese texto secreto detalla cuál fue la verdadera familia de Cristo, una revelación que pondría patas arriba el cristianismo y que una secta de iluminados quiere mantener oculto. Uno de los líderes de ese grupo encarga a una pareja de argentinos dedicados a traficar con obras de artes el robo del Códice. La sencillez con la que se perpetra el hurto se complica páginas más adelante por los nervios del compinche necesario, un cura llamado el Peregrino y que trabaja en la catedral.

El profesor Corral destaca del robo del Códice que fue “limpio”. “No hubo ventanas rotas, ni puertas forzadas”, lo que llevó a la policía a señalar, dos semanas después del suceso, que “alguien de dentro” había colaborado en el hurto. Corral también subraya que el ladrón tuvo claro que su objetivo era ese libro. “Junto al Calixtino había otros dos códices más valiosos artísticamente, pero no se los llevaron”. Por eso, la explicación “más lógica es que se trate de un encargo de un coleccionista. Alguien con mucho dinero y que por razones ideológicas o fetichistas quiere tener en sus manos una obra que no posea nadie”. La otra tesis que manejó la policía fue la de un robo “para fastidiar al deán” de la catedral, José María Díaz. Esa supuesta venganza se habría consumado con la dimisión del deán, responsable del archivo, el pasado octubre. “Entonces lo normal habría sido que el libro hubiera aparecido. Sin embargo, tres meses después no hay rastro”. Esto deja casi arrumbada la teoría del robo por inquina personal.

Medidas de seguridad

Corral se une a las críticas por las escasas medidas de seguridad en torno a tamaña joya. “La gente entraba en el archivo como Pedro por su casa, las llaves estaban puestas a veces…”. También lamenta el retraso -un día largo- que transcurrió desde que se supo la desaparición hasta que se denunció a la policía. “Eso probablemente facilitó el que el Códice saliera de Santiago. El gran problema es que no sabemos la fecha exacta en que se robó”.

¿Es tan potente el tráfico ilegal de obras de arte como lo pinta Corral en la novela? “En la economía negra mundial, el primero es el tráfico de armas, después el de drogas y el tercero es el de arte. A eso han ayudado los nuevos ricos de Rusia, China, Singapur y países árabes, tipos caprichosos que quieren tener arte occidental. Además, la desmembración de la URSS, de Yugoslavia y las guerras de Irak inyectaron en ese mercado negro muchas obras desclasificadas y mal catalogadas”. Este panorama lo completa “una red de anticuarios poderosos que manejan ese negocio”.

¿Y España? “Fue un lugar propicio para robar en los años sesenta por la despoblación de las zonas rurales. Vírgenes de ermitas románicas se habrán robado no menos de un millar”, afirma Corral. “Por suerte, ya no sucede eso. Hoy, el paraíso para los cacos es Italia, donde cada día se roba una obra de cierta calidad. Los italianos tienen un rico patrimonio y Berlusconi ha desmantelado parte del control que había sobre esas actividades”.

A todo esto. ¿Y qué hará José Luis Corral si aparece el Códice Calixtino?. “Pues se podría hacer una segunda parte. Habría que completar el círculo, la vida, a veces, no deja de ser círculos”.

“Lo más lógico es que el ‘Códice Calixtino’ esté en manos de un fetichista del arte”


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