La decepción del republicano católico

0 comentarios admin Por admin El 31 de mayo de 2012

En el paroxismo del entusiasmo la multitud aclamaba y entorpecía contra su deseo y nuestro empeño; los gritos eran ya algo mecánico e incoercible por la pasión misma con que se pronunciaban y entre aquellas voces lanzadas por rostros convulsos todos, casi apopléticos algunos, resonaba con voz monótona cadencia uno, expresión del convencimiento popular sobre su propia y decisiva fuerza en aquel desenlace sin tener que agradecer nada a la sumisión tardía, inevitable, egoísta y pequeña del ex rey fugitivo: “No se va, lo hemos echado”». Estas son las palabras emocionadas de Niceto Alcalá-Zamora ante la inminente caída de Alfonso XIII y el advenimiento de la II República recogidas en el segundo volumen de sus memorias, «La victoria republicana» (La esfera de los libros).

«Retrato de alegría»
«Por primera vez, el hombre que trae la República lo cuenta en el momento que está pasando. Por lo tanto, lo escrito es de verdad, de corazón», explica Jorge Fernández-Coppel, editor de estas memorias. Por ello, el historiador destaca lo diferente de este volumen con respecto al anterior, «Asalto a la República». «La narración es mucho más fresca porque es como un libro de recuerdos. Es un retrato de la alegría del pueblo ante la llegada victoriosa de la República», asegura. En este sentido, Fernández-Coppel hace referencia a los difíciles momentos que vivió Alfonso XIII y que Alcalá-Zamora cuenta: «Los de derechas no apoyan al monarca y los más altos mandos militares, cuando Alfonso XII acude a ellos, le dan la espalda», añade el editor. Entre sus memorias, mención especial merece sus impresiones sobre el mitin de Valencia, donde se declara republicano. «Alcalá-Zamora era tan importante, tenía tanto prestigio, que todo el mundo sabía que si lo decía él, era que la República estaba a punto de llegar», comenta el historiador.

Entre los episodios históricos más importantes que cubre este volumen, entre 1930 y 1931, además del fin de la monarquía, el presidente escribe sobre los primeros problemas con los que se enfrenta la República, que tienen que ver con la Iglesia: «La quema de conventos le cuesta un gran disgusto a Alcalá-Zamora, ya que era un católico ferviente. Sobre esta cuestión incluyó la correspondencia que mantuvo con el delegado de El Vaticano. También resulta revelador comprobar cómo, en contra de lo que se cree, Largo Caballero e Indalecio Prieto lo apoyaron para acabar con esta actividad. El que sale, sin embargo, un poco peor parado es Manuel Azaña», explica el historiador. Otro de los problemas es la expulsión del cardenal Pedro Segura de España, episodio del que también escribe el presidente. El tercer gran tema es la unión de los partidos republicanos sobre el que, según las memorias, rechazó cualquier compromiso o negociación e insistió en imponerse de un modo u otro, algo que al final consiguió. De hecho, presenta un retrato de bastante armonía entre los miembros del Comité. Son notables también las referencias a Alejandro Lerroux. En este tomo son todas cordiales, de cooperación entre ambos. Sin embargo, en tres años, todo cambiaría, y la rivalidad entre los dos en 1935 sería un factor importante en el fracaso del centrismo democrático republicano. «Además, trata en profundidad los problemas de los partidos catalanes para unirse a ellos», añade Fernández-Coppel.

Según el historiador Stanley G. Payne, que prologa este volumen, «de todos lo hombres notables de la Segunda República, él sufrió el mayor rechazo y abandono por parte de ambos bandos, en la Guerra Civil, lo cual probablemente probó que fue el representante principal de la ansiada “tercera España”». Tendremos más oportunidades de comprobarlo con el siguiente volumen, que se centra en su etapa como ministro de Alfonso XIII hasta la dictadura de Primo de Rivera. 

 

Recuperación milagrosa
Que podamos leer las memorias de Alcalá-Zamora es casi un milagro, ya que estos textos sufrieron tres robos y un rescate de película. El primero se produjo en el Banco de Credit Lyonnais de Madrid en 1936 por las milicias respublicanas. El segundo cuando, con las tropas valencianas en desbandada en 1939, un soldado se las llevó y las dejó en herencia a su hijo. Cuando las quiso vender, la Guardia Civil se hizo con ellas. El último intento fue el de Rogelio Blanco, director general del libro, que tuvo que ceder y devolverlo a la familia.
 

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