Las vías que intervienen en el proceso del envejecimiento son muy
variadas y, a veces, interconectadas entre sí. En el congreso de la
Sociedad de Endocrinología, celebrado en Oviedo, se ha puesto de relieve
la relación entre señales hormonales y estructuras genómicas.
El diálogo entre señales hormonales y estructuras genómicas permite
explicar algunas de las claves del envejecimiento, un proceso inexorable
pero en cierta medida reversible marcado por una extraordinaria y
sorprendente plasticidad que hunde sus raíces en el metabolismo y los
mecanismos endocrinológicos.
Carlos López-Otín, catedrático de Bioquímica y Biología
Molecular de la Universidad de Oviedo, ha sido el encargado de
pronunciar la conferencia inaugural del 54 Congreso de la Sociedad
Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN), que se ha celebrado en
Oviedo, y en la que se ha referido a distintos estudios, la mayoría
realizados en su laboratorio y dados a conocer en diferentes
publicaciones internacionales, con los que ha tratado de mostrar algunas
de las claves que ayudan a entender el proceso de envejecimiento.
Mecanismo de reparación
López-Otín, que ha presentado varias líneas de
investigación de su laboratorio en las dos últimas décadas sobre la
estructura y función de un grupo de macromoléculas, "sobre las que los
endocrinos fueron pioneros en mostrar interés", considera que, si bien
la vida inicialmente fue unicelular y clónica, el paso a un mundo
pluricelular generó también deficiencias como la imprecisión en los
mecanismos de reparación del genoma, las interferencias en los sistemas
de comunicación y la aparición de células con capacidad proliferativa y
reparadora, que son muy susceptibles a sufrir daños.
De esta forma, se puede definir el envejecimiento como
la acumulación de daños genéticos y epigenéticos y defectos en la
proteostasis u homeostasis de proteínas, que provocan profundas
alteraciones celulares.
- Los genes supresores tumorales protegen al organismo en etapas tempranas, pero también lo sitúan en rutas de senescencia
Se trata de un proceso inexorable, en parte debido a la
existencia de genes con pleiotropia antagónica, como los supresores
tumoralesque, si bien protegen del cáncer al organismo en etapas
tempranas, lo sitúan a la vez en rutas de senescencia. "Estamos
inexorablemente diseñados para envejecer".
Sin embargo, estudios moleculares han servido para
demostrar la plasticidad de la longevidad. Así, mutaciones en los genes
age-1, daf-2 y daf-16 extienden la longevidad en nematodos, mientras que
alteraciones en otros genes de ratones, como el de la telomerasa o el
denominado Zmpste24, también han demostrado una extraordinaria
influencia en el proceso de envejecimiento. "Todos encajan en rutas de
reparación genómica o en las relacionadas con el metabolismo o la
reproducción, de modo que vemos que la lógica molecular del
envejecimiento está dirigida por la endocrinología".
A su juicio, las células tumorales que se vuelven
inmortales pueden proporcionar pistas para encontrar mecanismos que
permitan actuar sobre el envejecimiento.
En esta línea, el equipo de López-Otín ha trabajado
ampliamente con un grupo de moléculas, las metaloproteasas de matriz
extracelular, algunas de las cuales pueden tener una sorprendente
función protectora frente al cáncer, lo que ha abierto nuevos caminos en
este campo de investigación.
Cambios metabólicos
Otra de las
metaloproteasas estudiadas en su laboratorio, la OMA-1, se relaciona con
riesgo de obesidad, según un estudio recientemente publicado por su
grupo que demuestra cómo ratones deficientes en esta proteína se vuelven
obesos debido a un déficit en su función mitocondrial.
Sobre el envejecimiento prematuro, el catedrático ha
mostrado las notables alteraciones que sufren las células madre en este
proceso, así como los profundos cambios metabólicos subyacentes. "El
envejecimiento es un proceso regulado y, por tanto, quizá se pueda
revertir actuando sobre las señales que lo modulan, como enzimas
metabólicas y factores inflamatorios".
En este mismo sentido, se ha referido a trabajos muy
recientes de su grupo que muestran que tratamientos basados en IGF-1
recombinante, oligonucleótidos anti-sentido o moléculas antinflamatorias
extienden significativamente la longevidad en modelos animales de
envejecimiento prematuro.
EXPECTATIVAS BASADAS EN EVIDENCIAS
La última parte de la conferencia de Carlos López-Otín
estuvo dedicada a señalar las importantes expectativas que se han
abierto en los últimos años tras la secuenciación del genoma humano, y
explicó que "estamos en tiempo de genomas y en tiempo de señales. La
genómica personalizada se abre camino y con ella la posibilidad de
intervenciones genéticas, epigenéticas y farmacológicas". Enumeró
algunas de las vías de investigación en las que ya se está trabajando
como, por ejemplo, la eliminación de células senescentes, la
reactivación genética de la telomerasa e incluso en cirugía genómica, al
tiempo que se ha abierto todo un mundo de posibilidades a través del
empleo de técnicas de reprogramación celular".
Consideró que hay que
evitar extraer conclusiones prematuras de estudios correlativos en
medicina y abogó por "una búsqueda más exhaustiva de la causalidad con
investigación rigurosa y precisa de las múltiples cuestiones todavía
pendientes en torno a un proceso tan complejo como el del
envejecimiento".