
Cada mamífero tiene en su tracto gastrointestinal miles de millones
de microorganismos que son específicos de su especie. Y estas bacterias
no están ahí para nada. Tras miles de años de evolución conjunta, estos
‘bichos’ se han hecho con un hueco en la vida y la fisiología de los
animales y de ellos depende, según una investigación, el buen
funcionamiento del sistema inmune.
La semana pasada las revistas ‘Nature’ y ‘PLoS’ hacían público el
mapa genético de los microorganismos que viven en nuestro cuerpo: el microbioma.
Ocho millones de genes, 350 veces más que las personas, que tenemos
alrededor de 23.000. Muchas de estas bacterias viven en el tracto
intestinal donde parecen desempeñar una importante tarea.
"Por cada célula de tu cuerpo que eres tú, que contiene tu
información genética específica, hay aproximadamente nueve células
bacterianas extrañas, principalmente en el tracto digestivo y hasta en
la piel", explica Dennis Kasper, catedrático de Microbiología e
Inmunología en la Facultad de Medicina de Harvard (EEUU) y autor
principal del estudio. "Desde el punto de vista del conteo celular, cada ser humano es un 90% microbiano. Ahora, hemos averiguado que estas bacterias, que necesitamos para tener una buena salud, son específicas de cada especie".
En sus investigaciones, Kasper y sus colegas trabajaron con ratones a
los que se les había eliminado la flora intestinal. A algunos de ellos
les colonizaron el tracto digestivo con bacterias que son típicas de los
roedores y a otros, con microorganismos humanos. Y después de dejarlos
crecer un tiempo, analizaron su tejido intestinal y los nodos linfáticos
de esa zona del cuerpo.
Divorcio evolutivo
Lo que observaron fue que "la microbiota es crítica para la maduración de la inmunidad intestinal", según cuentan en las páginas de ‘Cell’,
pero que no vale con cualquier microorganismo. Los ratones cuya flora
se había creado a partir de bacterias humanas tenían unas defensas
débiles, con pocas células inmunes, como si no tuvieran microorganismos
en el tracto digestivo.
"A pesar de la abundante y compleja comunidad de bacterias que había
en los ratones con flora humana, parecía que los animales no habían
reconocido a estos microorganismos", señala Hachung Chung, estudiante de
postdoctorado en el laboratorio de Kasper. La idea de que la microbiota
es específica de cada especie animal se confirmó cuando en un tercer
grupo de ratones a los que se les había inoculado la flora típica de las
ratas, Chung observó la misma debilidad inmune.
Esto indica, continúa el estudio, "que sólo ciertos comensales específicos de cada huésped hacen que surja un sistema inmune intestinal maduro".
Y esta parte de nuestras defensas no sólo actúa en el tracto digestivo,
también es responsable de las respuestas inmunes fuera de él, lo que ha
llevado a los autores a pensar que "la ausencia de los microbios
‘correctos’" podría estar detrás o favorecer la aparición de
enfermedades.
"Más aún" -añaden-, "debido a que los avances en medicina y
tecnología nos proporcionan formas alternativas para combatir la
enfermedad, los humanos se podrían estar volviendo menos dependientes de
la microbiota intestinal con la que hemos coevolucionado para estar
sanos y sobrevivir".
Tras miles de años de convivencia, advierten los investigadores, los humanos podríamos pagar caro este ‘divorcio evolutivo’ ya que, por ejemplo, "podría explicar, al menos en parte, el aumento en los últimos tiempos de las enfermedades autoinmunes".