El Ekeko: lo que llamamos “suerte”

2 comentarios admin Por admin El 13 de junio de 2010

Un+%27Ekeko%27+ el+dios+andino+de+la+abundancia+y+la+fortuna El Ekeko: lo que llamamos “suerte”

En la literatura clásica, Fortuna era una diosa que no se regía por ninguna ley. Dispensaba gracias y desgracias según su cambiante antojo. Para sojuzgar esa realidad, el hombre inventó muchas formas de manejar lo que damos en llamar “suerte”.

Legado por la América antigua, el Ekeko es un intento de manejar por la vía mágica esa serie de acontecimientos que conocemos como destino. Amuleto de abundancia, el Ekeko creció como objeto prodigioso más allá de los países de influencia andina.

En la genealogía del ídolo encontramos sorpresas, contradicciones, mezclas, una imaginería, en definitiva, que harto se parece al continente que habitamos.

Hoy el Ekeko arrastra bolsitas de simbólicos presentes por Bolivia, Perú, Ecuador, Argentina y Chile. Su llamada de socorro a los dioses de abasto, puede escucharse también en Europa y Estados Unidos. En algunas jornadas de la semana debe dársele de fumar.

La única suerte

Su terrible metáfora habla de la única suerte: mientras se va detrás de las cosas de este mundo, la vida se quema como un cigarrillo.
Tiene mucha relación con el pensamiento andino, ya que si bien su rostro mofletudo y su bigote finito no son andinos, la existencia de un ídolo semejante proviene de épocas anteriores a la Conquista.

Varios pueblos de la ladera de los Andes compartían una deidad de la abundancia que les proporcionaba fortuna, buena suerte, protección contra el rayo, amor, fecundidad, lluvias y cosechas abundantes. Se lo representaba desnudo y encorvado. Su imagen, ya sea de piedra, plata, oro, cobre o cerámica, no podían faltar en los hogares donde era invocado frecuentemente.
Por desgracia esa imagen original fue borrada de la historia por los Extirpadores de Idolatrías durante la Conquista. El muñeco que conocemos hoy, de origen aymara, retrata a Sebastián Segurola y Machain, gobernador de La Paz en 1781.

Los cien nombres del dios

Para los aymaras era el hijo bastardo de Wiracocha, al que llamaban Hake-Aku, “hombre de harina”. También se lo atribuyen a un personaje traedor de las leyes que se conoce como “Tunupa” y es considerado “el Cristo Andino” por las similitudes biográficas con Jesús. El pueblo kolla lo conoció como Ekhako y algunos kallawallas aún lo invocan como Keko -“petiso”- para proteger sus ceremonias. Todo indica que de estas raíces procede el nombre actual.

En cada diciembre

Popular como ningún otro, su día se celebraba los 22 de diciembre, coincidiendo con el solsticio de verano y el comienzo del año agrícola. Los 20 de noviembre era el día en que los pueblos se abastecían de las miniaturas en un mercado llamado “Alasitas” o “¡Cómprame!”.

En 1569 Francisco de Toledo fue nombrado virrey y una de sus principales labores era la eliminación de las costumbres tradicionales. A través del Tribunal de la Inquisición, en 1570 promulga una ley que prohíbe hacer figuras humanas o animales, tratando de eliminar ritos esenciales de las culturas de la región. La disposición dio un golpe letal al mercado de Alasitas, pero al parecer las rogativas al Ekeko siguieron pronunciándose.

En 1781 Sebastián Segurola y Machain, gobernador de La Paz, tuvo que resistir ocho meses de asedio de la ciudad por parte de 80.000 indios durante la revuelta que condujo Tupac Katari. Pero con el apoyo de los mestizos aymaras, el cerco es roto y el Amaru atrapado y desmembrado. Segurola, cumpliendo arreglos previos que hiciera con los aymaras, autorizó que el 24 de enero de 1783 se restaure el mercado de miniaturas y dijes de Alasitas.

Ese mismo año reapareció el Ekeko. En el entrevero de dos siglos de postergación, la conciencia colectiva había perdido la fisonomía original del ídolo caído y los artesanos no coincidían en los remates. Inocentes y agradecidos a Segurola, a la hora de ponerle un rostro a la antigua deidad fue la del preboste español la cara elegida. Mofletudo, con bigotes finitos, Segurola pasó a ocupar el viejo panteón que en un principio querían erradicar. Sólo con la vestimenta los artesanos se permitieron un rasgo autóctono. Desde entonces la feria de las Alasitas abre sus puertas los 24 de enero en La Paz, y en Puno, Perú, a finales de abril.

El regreso

Alasita es una palabra del Jaya Mara (Del Tiempo) de los primeros habitantes de la zona, como celebración ofrecida a la Pachamama, a la cual se le ponen una serie de objetos a manera de ofrenda para que al devoto no le haga faltar nada, o para que cumpla sus deseos. Esta es la razón por la que la gente compra objetos en miniatura como bienes inmuebles, maletas, dinero y otros con la firme creencia y fe de que sus deseos se harán realidad, de tradición ancestral que se practica en diferentes regiones de nuestra Abya Yala.

La primera feria en Capital Federal se realizó en el Parque Avellaneda en enero de 2004, donde el centro Cultural Autóctono, Wayna Marka, junto con los artesanos realizaron la ofrenda a la Pachamama en la “Wak’a”, piedra elegida que simboliza la madre tierra. Los beneficiarios son siempre la comunidad, los niños y los jóvenes, enriqueciendo así la formación de una identidad cultural propia individual y colectiva. La población también se ve beneficiada al participar directa e indirectamente de este encuentro.

El Ekeko: lo que llamamos “suerte”


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Un comentario

  1. klever
    14 julio, 2012 at 3:34 PM #

    tengo un keko pero noc como usarlo mucha gente dic k se mueve pero no ni se mueve k ago lo tenia miedo pero no c k acr lo kiebro o lo tengo

Un trackback

  1. [...] [...]

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