El Comité de Presidencia del PDL se reúne sobre las 19.00 horas para aprobar una moción de censura contra Fini y sus fieles, obligándoles de hecho a dejar el partido, tras textmeses de fuertes choques entre el presidente del Ejecutivo y el co-fundador al frente del Congreso.
La excomunión, motivada por “insanables divergencias políticas” – según lo que adelanta la prensa en estos momentos convulsos -, va a ser el punto final de un matrimonio de conveniencia sellado hace dos años de cara a las elecciones tras la caída del Gobierno de Romano Prodi.
No ha servido de nada la petición de una tregua lanzada por el Presidente del Congreso Fini. En una entrevista con Il Foglio publicada hoy – pero Berlusconi la pudo leer anoche porque el director Giuliano Ferrara se la pasó por adelantado -, Fini expresa su deseo de permanecer en el PDL. El presidente de los Diputados llama a “empezar desde cero, sin resentimientos. Esto no significa que Berlusconi y yo debemos ser o parecer amigos, pero sí que debemos honrar un compromiso político y electoral con los italianos”. “Demasiado tarde”, responde del Jefe del Ejecutivo.
Ruptura inevitable
En una reunión nocturna con sus hombres, encerrados hasta las dos de la madrugada en Palazzo Grazioli, su residencia romana, Il Cavaliere decidió no estrechar la mano tendida de Fini y emprender así la línea dura. La ruptura entre los dos parece inevitable. “Necesitamos un milagro”, comenta Gianni Alemanno, alcalde de Roma, ex miembro de Alianza Nacional, hoy el hombre bisagra entre los dos fundadores del PDL.
La oferta de enterrar el hacha de guerra llega tras meses de fuego cruzado entre los dos co-fundadores. Fini declaró en varias ocasiones que no aprobaba el frecuente recurso de mociones de confianza y decretos de ley, instrumentos ampliamente utilizados por el Gobierno para acortar los trámites parlamentarios. El 22 de abril, en la Dirección del partido, los dos se pelearon en directo por televisión.
Berlusconi amenazó: “Eres presidente del Congreso, si quieres hacer política renuncia al encargo institucional”. Casi gritando y perdiendo por un instante su aplomo británico, Fini contestó: “¿Si no qué haces? ¿Me vas a echar de mi partido?”. Desde entonces todo ha ido a peor. La opción de una escisión, que entonces no parecía conveniente para ninguno de los dos rivales, hoy se antoja como la única posible, según analistas y políticos italianos.
Dos cuestiones inaceptables
Dos son las cuestiones que el presidente del Congreso y sus hombres no pueden aceptar. Primero, la ley mordaza. Fini obligó a ablandar el proyecto que regula el uso de las escuchas telefónicas, para garantizar algo de libertad de prensa a periodistas y editores y la posibilidad de investigar a los magistrados. Berlusconi, principal inspirador de la propuesta, apenas pudo esconder su mal humor.
El segundo tema crítico es la investigación sobre la presunta nueva logia secreta que intentaba hacerse con concursos públicos y condicionar los nombramientos de los jueces del Consejo Superior de la Magistratura (el órgano de autogobierno del poder judicial) y de tribunales claves para los juicios al entorno de Berlusconi.
“Quien esté siendo investigado no debe tener ningún encargo en nuestro partido”, ha repetido más veces Fini, que directamente o por boca de sus fieles Italo Bocchino y Fabio Granata, pidió las dimisiones de dos de los implicados ilustres: Denis Verdini (coordinador nacional del partido) y Nicola Cosentino (que dimitió hace una semana como vice ministro de Economía, pero sigue siendo el jefe del PDL en Campania).
Noticias Relacionadas:
Comentarios recientes